Cocina con corazón

Por Mayte Rodríguez
16 de noviembre de 2017

Kiwis verdes o dorados, ¿cuál eliges?

Los kiwis dorados me parecen el summum de lo exótico. Sé que hay muchas otras frutas exóticas, pero el kiwi gold… es elegante, ¿no? Me pongo a investigar a ver qué diferencias tiene con su pariente, el kiwi verde. Te invito a seguir leyendo para que te enteres de todo lo que he aprendido.

Cuando yo era pequeña no recuerdo ver kiwis en las fruterías de mi barrio. Según parece no es hasta 1.982 cuando empieza a comercializarse el kiwi verde en nuestro país.

Su procedencia original es China, pero los kiwis actuales nos remiten a otros países exportadores como Nueva Zelanda, Italia y Chile, aunque China siga siendo el principal productor. En nuestro país también se pueden encontrar plantaciones de kiwis en Galicia y Asturias.

 

Kiwis = Vitalidad

Cuando hablamos de vitalidad nos referimos a un estado de energía adecuado para mantener nuestra actividad diaria y relacionarnos positivamente con nuestro entorno.

Los kiwis además de ser sabrosos y muy atractivos de comer contienen una combinación de nutrientes que favorecen nuestra vitalidad. Tiene un contenido muy alto de vitamina C (hasta el triple de la naranja) y también ácido fólico que reduce la fatiga, estimula la absorción de hierro y activa la formación de sustancias que mejoran el estado anímico general.

El número de calorías que aporta es bajo: 81 kcal/100 g el kiwi verde y 77 kcal/100 g el dorado y aporta fibra (facilita el tránsito intestinal) y potasio (entre otras cosas regula la actividad neuromuscular y participa en la transmisión del impulso nervioso).

 

Kiwi verde vs. kiwi gold

Que el interior de uno es verde y el otro de un amarillo dorado es obvio, pero además de esto hay alguna diferencia más.

En cuanto al aspecto exterior: los kiwis dorados son más alargados y su piel exterior más lisa.

El sabor del kiwi dorado resulta más dulce y tropical que el verde, que suele ser un poco más ácido.

En cuanto a sus beneficios nutricionales son muy similares. Su aporte de vitaminas y minerales es el mismo y el número de calorías es prácticamente igual también.

 

El kiwi en la cocina

Además de comerlo tal cual, en el postre, tentempié de media mañana o merienda puedes prepararlo en zumo, mermelada, brochetas, tartas… puede participar en preparaciones diversas y como ejemplo te proponemos esta tarta, esperamos que os guste.

 

TARTA DE KIWI DORADO Y COCO

 

Ingredientes:

  • 200 g de harina
  • 70 g de mantequilla
  • 1 dl de leche
  • 4 yogures naturales
  • 40 g de azúcar
  • 100 g de coco rallado
  • 4 kiwis dorados

Preparación:

1. Precalienta el horno a 180º C. En un bol amplio mezcla 60 g de  mantequilla -a temperatura ambiente- con 20 g de azúcar, 50 g de coco rallado, la harina y la leche. Mezcla con una cuchara de madera y acaba amasando hasta obtener una masa uniforme y elástica. Vuelve a dejar la masa en el bol y cúbrela con un paño, deja reposar 30 minutos. Engrasa con un poco de mantequilla un molde y forra con él la masa anterior. Hornea y mantén 10 minutos hasta que la masa se dore ligeramente.

 

2. Desmolda la tarta y reserva. En un bol mezcla los yogures, el resto del coco rallado y de azúcar. Remueve y vierte sobre la tartaleta recién horneada.

 

3. Pela y corta los kiwis. Corta cada rodaja en dos mitades y coloca sobre la tartaleta haciendo círculos.

 

Sírvela tal cual o acompañada de una bola de helado de chocolate.

Que disfrutes de los kiwis, de esta riquísima tarta y de la compañía. ¡Hasta la semana que viene!

 

 

 

 

 

 

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8 de noviembre de 2017

Setas: la magia está en el bosque

Las setas son mucho más que un ingrediente otoñal para nuestras recetas. Quién no ha leído un cuento en el que un ser mágico del bosque viviera en una bonita seta roja con lunares blancos…

Admiradas, y también temidas, se conocen desde antiguo. Los hongos crecen en determinadas épocas en los bosques y también sobre restos vegetales y dentro de ellos encontramos muchas especies; algunas deliciosas para cocinar, otras tremendamente peligrosas por su toxicidad y otras con propiedades alucinógenas.

Se cree que en algunos ritos ancestrales de los antiguos pueblos celtas se utilizaban setas alucinógenas y también los druidas y chamanes las tenían a mano para sus rituales.

Si eres de los que te lanzas al campo con tu cesta para recoger setas has de tener mucho cuidado con aquellas especies que no conozcas, ante la duda mejor no utilizar especies que pueden ser tóxicas o, incluso, muy venenosas.

Nosotros nos ocuparemos sólo de aquellas setas comestibles, verdaderamente un capricho para el paladar que hay que disfrutar con los cinco sentidos ya que su corta temporalidad nos impide saborearlas -frescas- durante el resto del año.

Algunas de las especies más conocidas son:

  • Parasol (macrolepiota procera): Es habitual encontrarla en los prados y en grupos. Se utiliza sólo el sombrero.

 

  • Champiñón (agaricus arvensis): Probablemente la variedad más habitual por ser uno de los hongos más cultivados. También los hay silvestres, apareciendo sobre todo en los prados.

  • Rebozuelo (cantharellus cibarius): Búscala en bosques frondosos, en otoño pero también puede encontrarse en verano si las condiciones climáticas son adecuadas.

  • Calabaza (boletus edulis): Bajitas y redondas, con el sombrero marrón y una carne muy blanca y apreciada.

 

  • Colmenilla (morchela esculenta): Su nombre es descriptivo de la forma de su sombrero, como una colmena. Siempre tiene que consumirse cocinada ya que cruda es tóxica.

 

  • Níscalo (lactarius deliciosos): Son muy fáciles de reconocer por su color anaranjado. Frecuentes en pinares durante el verano y el otoño.

Hay muchas más: seta de cardo, de chopo, shitake…

 

Consejos para limpiar setas

  • La paciencia es fundamental para ello, hay que limpiar las setas de una en una para eliminar los restos de tierra sin dañar la parte comestible.
  • Nunca las sumerjas en agua. Las setas absorben la humedad y se echan a perder.
  • Corta primero la parte terrosa para que la tierra no penetre en el sombrero.
  • Para limpiarlas utiliza una brocha pequeña o un trapo húmedo.

 

 

Entre tantas delicias he elegido unos níscalos para preparar en una receta muy sencilla pero que conserva a la perfección el sabor de esta seta.

Confieso que los níscalos son las únicas setas que me atrevo a coger si voy sola. De niña los cogía con mi padre en los pinares de mi pueblo, Coca (Segovia), y para mí son una de esas delicias con reminiscencias infantiles.

Si quieres saber más sobre cómo recolectar setas o conocer su precioso entorno, puedes visitar: http://www.descubrecoca.com/2014/10/consejos-al-recolectar-setas_13.html

 

 

NÍSCALOS A LA LLAUNA

Ingredientes:

  • 1 y ½ k de níscalos
  • 1 tomate
  • 2 dientes de ajo
  • 1 vasito de vino blanco
  • Pan rallado
  • Perejil
  • Aceite de oliva
  • Sal y pimienta

Preparación:

 

1. Cubre el fondo de una bandeja de pírex con aceite de oliva y un vasito de vino blanco. Precalienta el horno a fuego medio. Pela y pica los dientes de ajo.

 

 

2. Limpia los níscalos con un pincel o un paño húmedo hasta que queden bien limpios. Quita el tallo, seca y coloca en la bandeja con el sombrero hacia abajo. Espolvoréalos con ajo, perejil picados y pan rallado. Salpimenta.

 

 

3. Lava el tomate, pélalo y pícalo muy fino. Añade por encima de los níscalos y rocía con un buen chorro de aceite de oliva. Hornea hasta que estén en su punto. Sirve con una guarnición de zanahoria rallada y perejil fresco picado. Cómelos calientes.

 

 

 

 

Que disfrutes de los níscalos, del bosque….  ¡y de la compañía! ¡Hasta la semana que viene!

 

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3 de noviembre de 2017

Viajar: descubrir con todos los sentidos

 

Viajar es, para mí, uno de los mayores placeres. Y, desde luego, probar la gastronomía propia de cada país o región que visito me resulta imprescindible: experimentar, probar y disfrutar ante la mesa y el mantel es uno de los alicientes de todo viaje que se precie.

Cuando viajas, caminas por la calle de forma distinta, con la cabeza erguida, con los ojos más abiertos y con todos los sentidos alerta.

Y es que el viaje implica descubrimiento, saber, conocer, abrir la mente, explorar, encontrarte con otras realidades y formas de pensar. Comportamientos distintos ante las mismas situaciones. Y también probar sabores y preparaciones diferentes. Por ejemplo, el gran bufé sueco, el smörgasbord es un placer para los sentidos y no puedes viajar a Suecia sin probarlo.

Es sabido que viajar no siempre implica hacer la maleta y salir de casa, o ir demasiado lejos. A veces un buen libro o una película tienen la capacidad de transportarte a países y ciudades, a ver sus paisajes, a conocer las costumbres de pueblos que nos son desconocidos.

Hace años me sorprendí con películas como “Indochina” con sus paisajes vietnamitas tan bellos, volé sobre Kenia gracias a la inolvidable historia de la escritora danesa Karen Blixen en “Memorias de África” o he descubierto la cocina tradicional francesa en “La cocinera del presidente” con mi admirada Catherine Frot buscando recetarios tradicionales para hacer que su jefe recuperara los platos de su infancia.

Los libros también traspasan las fronteras físicas y es imposible no oler los guisos mágicos de Laura Esquivel en “Como agua para chocolate” o disfrutar con “El club del cupcake” de Clara P. Villalón donde la historia se entremezcla con tentadoras recetas de estos deliciosos dulces.

Pero hay más modos de conocer, de degustar gastronomías lejanas, por ejemplo, en estos días he podido probar en la cafetería de El Corte Inglés un delicioso crumble de frutos rojos, un plato típico de la repostería letona. Letonia se caracteriza por una gastonomía rica en ahumados, frutos rojos, quesos y lácteos; hasta que pueda conocer la bella Riga me conformo con conocer un poco más de los deliciosos platos de este país báltico.

 

Hoy os proponemos hacer una receta tradicional rusa, el Strogonoff, una delicia muy fácil de hacer en casa y que nos transportará -con un poco de imaginación- a las orillas del Volga.

 

STROGONOFF

Ingredientes:

  • 700 g de solomillo de ternera
  • 300 g de champiñones
  • ½ cebolla morada
  • 1 dl de nata líquida
  • 1 cucharada de mostaza
  • 1 chorrito de brandy
  • 25 g de mantequilla
  • Perejil fresco
  • Sal y pimienta
  • Arroz blanco para guarnición

Preparación:

 

1. Pela y corta la cebolla en juliana. Limpia y corta los champiñones en láminas. En una cazuela al fuego reogamos la cebolla con la mantequilla. Lo dejamos a fuego medio durante 3 minutos y añade el champiñón laminado. Mantén 10 minutos más para que los champiñones se doren.

 

 

2. Salpimenta y corta la carne en tiras de entre 5 y 10 cm de largo. Añade a la cazuela y rehoga durante 5 minutos.

 

3. Riega la carne con el brandy, la mostaza y la nata, salpimenta y deja a fuego lento 10 minutos para que la carne se acabe de hacer. Espolvorea la carne con perejil y sirve con una guarnición de arroz blanco o tu pasta preferida.

 

 

 

 

Qué disfrutes de los viajes físicos o realizados a través de la gastronomía. ¡Hasta la semana que viene!

 

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Por Mayte Rodríguez

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